No puedo dormir con esas lágrimas, goteando encima de mí.
No más lágrimas, Héroes del silencio
Sí amigos más de una década después de su disolución, el grupo zaragozano se ha reunido para esta mini gira a la que, por supuesto, maese Zelig no podia faltar.
El concierto, lo digo desde un principio, fue espectacular. Si ha habido una banda de rock española (con el permiso de Extremoduro y Kortatu; sigo pensando que como mejor suena el rock es en vasco) esta ha sido Héroes. No sólo aúnan canciones y talento (Valdivia es, sin duda, uno de los mejores guitarristas que ha dado la piel de toro), sino que además tienen en Bunbury a la única verdadera estrella del rock (con todas sus pegas también) que ha generado este país, sólo hay que ver imágenes de sus conciertos veinte años atrás. Otra cosa es que caiga mejor o peor y que pueda ser chulo (que lo es). Siempre defenderé a aquél que intenta tener una voz propia, a aquél que se arriesga, que no al cantante (o persona, da igual) anodino que no alza la voz. Muestra de ello, también, es el cambio de registro de su carrera en solitario, que aunque irregular, tiene discos extraordinarios como Pequeño, sin duda, uno de los mejores de los últimos años.
Volviendo al concierto, fueron dos horas y medía de alta intensidad, no faltó ninguno de sus clásico y Bunbury manejó al respetable a su antojo, la frase que cito fue uno de los momentos culminantes con la Romareda a reventar coreando la canción. Como no podía ser otra forma, y dado que esta vez no nos acompañaron los energúmenos, nuestra querida Mofletes fue quien entonó el santo y seña mayúsculo.
15 octubre 2007
Escuchando a Héroes del Silencio (Estadio de la Romareda. Zaragoza)
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01 octubre 2007
Spanish bombs: ¡Birmania resiste!
Hoy va de chinos la cosa:
. La junta militar acusa a la prensa extranjera de mentir y China pide no exagerar los hechos: Resulta cuanto menos decepcionante o desesperante la pasividad internacional ante el conflicto birmano (sí uno de tantos a los que la ONU permanece ajena); como leía hoy es una lastima que no tengan petroleo. La esperanza del pueblo birmano reside en las marchas pacíficas de los monjes budista, sin más armas que sus propios cuerpos. Gandhi consiguió coon la estrategia de la no violencia la independencia de su país y el respeto internacional (no sin haber sufrido antes interminables campañas de difamación).
Si extrapolo el comportamiento de la clase sacerdotal birmana con la española, no puedo más que sentir verguenza ajena de mis congéneres, siempre del lado de los ricos (los votos de pobreza los olvidaron hace mucho), que no dudaron en ponerse al lado de los sublevados y las armas (bendiciéndolas siempre que hizo falta) y que subvencionan y fomentan la hipocresía y el odio en sus propios medios de comunicación.
Pero volviendo al tema birmano, es igual de desesperante observar la pasividad china (Birmania es hoy poco más que una nueva provincia) que mantiene en el poder a un regimen dictatorial (igual que los Estados Unidos hicieron con sudamericana durante buena parte del siglo pasado: la historia de las grandes potencias se repite) esquilmando sus recursos naturales, anexionando su salida al mar y enriqueciendo a una casta militar de la peor calaña que sume a su pueblo en la más absoluta pobreza.
Perro mundo, ¡al infierno con todos ellos!
. Logran apagar un incendio en una mina china que llevaba ardiendo 180 años: ¡Malditos chinos, son capaces de haber apagado el mismo infierno!
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26 septiembre 2007
Escuchando a Antonia Font (Catalonian Park)
Asistí el otro día al concierto de la banda mallorquina. Había oído muy buenas críticas de sus conciertos en directo, siempre, eso sí, en escenarios pequeños, a diferencia de éste. Quizá eso les pudo, la primera parte del concierto fue soporífera, sin ritmo, sin ningún tipo de interacción con el público, parecía que sólo hubieran venido a cobrar el cheque. Después, a medida que avanzaba la noche, empezó a mejorar, sobre todo con los temas de Taxi, su mejor trabajo.
El sonido, sin embargo, fue pésimo durante toda la actuación, nada que ver con la excelente factura y posproducción de sus discos. En fin, una gran decepción.
Y en dos semanitas Héroes...
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20 septiembre 2007
Viendo Planet Terror (2007) de Robert Rodríguez y Death Proof (2007) de Quentin Tarantino
Bueno, pues ya me he devorado las dos películas de Grindhouse, la serie Z de nuestros amigos Rodríguez y Tarantino.
Las noticias que llegaban de EE UU ya decían que el filme de Tarantino era superior (allí creo que no funcionó muy bien el invento y por eso aquí se estrenaron por separado; hombre, la verdad es que no hubiera estado de más recortar un poco el metraje, las dos pelis seguidas se hubieran hecho interminables); en fin, estoy de acuerdo con esa apreciación, el filme de Tarantino es superior. Tiene más enjundia y además no renuncia a poner ese toque tarantiniano en los diálogos y en la construcción de personajes (Kurt Russell está estupendo),
El trabajo de Rodríguez, en cambio, lleva hasta la paranoia algunos elementos: demasiada sangre, acción y explosiones; eso sí, ahí los que están de miedo son algunos personajes secundarios, construidos con hilarantes pastiches de arquetipos (léase el médico y el dueño del bar).
En fin, me divirtieron los filmes, lo mejor son sus guiños cinéfilos: malos encuadres, diálogos absurdos, celuloide rayado (genial el rollo de metraje perdido de Planet Terror); el pero es que les sobra un cuarto de hora a cada uno. Por cierto, que el proyecto continúa, he leído por ahí que Rodríguez va a hacer en video el filme de Machete y alguno de los otros falsos trailers (que aquí no se han visto) también se van a llevar a la pantalla. Estaremos atentos
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13 septiembre 2007
Leyendo Las islas de Arán de J. M. Synge y Exiliados de James Joyce
Para acabar con mi caterva de hechos irlandeses, les voy a contar dos libros leídos recientemente ambientados y escritos por nativos de allá.
Las islas de Arán (o Les illes d'Aran, puesto que lo leí en catalán) narra los cinco viajes que a finales del s.XIX y en los primeros años del s. XX hizo su autor, J. M. Synge, muerto prematuramente y uno de los renovadores del teatro irlandés. Un joven Synge coincidió en París con Yeats y éste le aconsejó que para ser escritor debería encontrarse a sí mismo (y a sus raíces irlandesas) y le animó a visitar las islas de Arán, que él ya conocía. Synge parte hacia allí y queda enamorado tanto de sus gentes como de su paisaje y buena parte de su obra posterior se inspirará en hechos o historias allí escuchados o vividos.
El libro en sí narra los viajes de Synge y sus relaciones con la gente del lugar. Hay personajes memorables como el viejo que muere después del primer viaje y al que califican del hombre más mentiroso del mundo, pues no para de contar e inventar historias. El libro se nutre de ellas, de hecho Synge quería aprender gaélico y invita a los lugareños a narrarles todo tipo de canciones, poemas o historias que luego transcribe al inglés. Hay de todo, algunas mejores (que se emparentan con relatos tradicionales, pero adaptados al lugar) y otros más flojos. En cualquier caso, un libro muy interesante, sobre todo si se quiere aprender sobre el lugar y sobre las condiciones extremas que vivían las gentes de allí, aislados prácticamente de la sociedad. (Doy fe de ello, cuesta mucho imaginar la dureza del lugar, pese a su belleza salvaje, sólo un siglo atrás.)
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Exiliados es según la crítica una pieza teatral fallida de Joyce, yo también lo pienso. (Hasta que no acometa de una vez el Ulises no podré emitir un juicio definitivo sobre su obra). El argumento, que mantiene las tres unidades aristotélicas no es más que un juego entre dos parejas (al estilo de Secretos de un matrimonio de Bergman, aunque la obra del sueco es muy, pero que muy superior) con un gran componente psicológico.
Cuesta creer que cuando escribió la obra se hallaba también inmerso en la escritura del Ulises, pues nada hay aquí ni de inventiva formal ni de juegos lingüísticos ni metaliterarios, en fin una obra menor o muy menor que además ha envejecido muy mal.
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06 septiembre 2007
Viendo El hombre tranquilo (1952) de John Ford y algunas curiosidades sobre Cong
Tal como decía, durante mi viaje a la bella Irlanda visité el diminuto pueblo de Cong (aquí recordaré la anécdota del tipo de información de Galway que nos encontró alojamiento y nos dijo, muy orgulloso, que nos había encontrado hotel en el centro justo del pueblo... Y así fue, lo que no nos dijo el muy cachondo es que el pueblo no es más que una calle, y que, por tanto, ¡todo está en el centro del pueblo!).
Como decía, Cong tiene, según mi guía, unos ochenta habitantes y alberga una casa museo a imagen de los interiores originales del filme (que fueron rodados en estudio en Hollywood, con lo cual la realidad recrea a la ficción en este caso). Ford eligió este sitio y no el pueblo natal de su padre (que era irlandés, no así él que ya nació en Estados Unidos, pese a que siempre se definió y se le definía como irlandés) porque no había un lugar suficientemente grande y confortable para alojar al equipo. Al lado de Cong hay un hermoso castillo (hoy hotel de lujo) que sí reunía todas las comodidades para alojar al cast; de hecho, todos los exteriores se rodaron en los alrededores del hotel. Cuentan los lugañeros que Wayne bajaba cada noche caminando desde el castillo hasta Cong para beber con los lugareños, para desesperación de Ford que temía encontrarlo borracho al día siguiente.
Del filme, qué puedo decir, es una obra maestra absoluta que he visto varias veces y que revisioné justo al volver de viaje. Wayne, Maureen O’Hara, Victor McLaglen están estupendos, sin olvidar a Barry Fitzgerald haciendo uno de los mejores personajes secundarios de la historia. Al ver la película, uno, que alguna vez tuvo alguna veleidad cinematográfica, se siente como uno de los personajes de la novela El malogrado de Thomas Bernhard, donde tres jóvenes maestros del piano compiten entre sí, sabiendo dos de ellos que por mucho que estudien, practiquen, etc., nunca llegarán al nivel y la calidad del tercero, simplemente les es inalcanzable. ¿Puede alguien hoy día llegar al nivel de Ford en este filme? Simplemente es imposible, porque es una obra de arte que va más allá del tiempo, del mismo modo que Las Meninas o el David, son obras cumbres dentro de su género y es con ellas con las que hemos de compararlo.
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04 septiembre 2007
Mis vacaciones o cómo visitar Irlanda en unas pocas líneas (2ª parte)
De regreso de las islas atravesamos la región lunar del Burren y Connemara, es increíble como en escasos kilómetros, y sin apenas transición, el paisaje cambia totalmente y se convierte en el verde sempiterno cubierto de lagos y brumas del condado de Mayo. Ahí visitamos Cong, el diminuto pueblo donde John Ford rodó su obra maestra El hombre tranquilo. Al día siguiente visitamos la hermosa isla de Achill, a la que se accede por un puente, donde el césped llega hasta la mismísima orilla y la gris arena crea unos extraños nudos que harían las delicias de Iker Jiménez.
De allí saltamos a la ciudad de Sligo, esta sí que es gris y fea, patria chica de Yeats, donde navegamos por la famosa isla del lago, Innisfree, que no es más que un diminuto peñasco (eso sí, geométricamente redondo) al que no se puede acceder, pero que se rodea en barco mientras uno se toma en la popa una Guinnes bien fresquita. También acudimos a Enniscrone donde nos sumergimos en unas bañeras de porcelana del siglo XIX para tomar unos a primera vista asquerosos, luego reconfortantes y seductores, baños con algas (que recomiendo a todos los incrédulos), que alternábamos con baños de vapor en unas saunas-ataud que dejaban la cabeza fuera.
La última parada fue Dublín. Si durante todo el viaje apenas si nos tropezábamos con turistas, aquí fue totalmente distinto, la marabunta de españoles (el castellano es el idioma oficial de la capital) como de catalanes te hacía pensar que habías vuelto antes de tiempo. Dublín es una ciudad pequeña, que puede recorrerse a pie, demasiado volcada al turismo. Recomiendo la ruta de las bibliotecas, auténticos templos que permanecen tal cual eran siglos atrás y como no, visitar la fábrica y tomar cuantas más Guinnes mejor (el globo que cogió la Subcomandante fue antológico).
En resumen, país hermoso con gente encantadora (siempre sonríen y te saludan cuando te cruzas con algún nativo; alguien pensó que no paraba de ligar en todo el viaje, hasta que se dio cuenta de que a mí también me saludaban, jeje), con un nivel de vida envidiable (quizá ayude a entenderlo saber que su salario mínimo son 1400 euros, cuando aquí que nos creemos los amos del mundo y es de 540), un gusto y un cuidado estético por su paisaje (calles limpias, engalanadas con flores, arquitectura colorida, calida, sin grandes monstruos de tocho y cemento) y, por cierto, nada de ir de hotel, son mucho mejores y baratos los bed and breakfast; otra cosa es el yantar, en la tierra de los duendes podrán comer todo tipo de patatas, cuatro coles y pollo, pero poco más, incluso el pescado, servido rebozado, parece sacado del Mercadona más próximo, ahí sí les doy la razón de que como en casa no se come en ningún sitio.
Ah, y por las dudas, llueve sí llueve, pero señores esto es Irlanda, además si uno se fija en los nativos se da cuenta de que no llevan paraguas ni falta que les hace, asombrosamente por algún tipo de técnica milenaria consiguen no mojarse (hasta la lluvia es hermosa: fina, imprevista, puede hacer un sol de justicia y descargar durante treinta minutos para luego desaparecer de golpe). En fin, queridos, un lugar para volver y disfrutar del cual les hablaría durante horas y que les recomiendo encarecidamente.
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03 septiembre 2007
Mis vacaciones o cómo visitar Irlanda en unas pocas líneas (1ª parte)
Sí amigos, al fin he vuelto de mis merecidas, y nunca suficientemente largas, vacaciones estivales. La bella y verde Irlanda fue el destino escogido para solazarme con mi estimada Subcomandante.
Aterrizamos en Dublín y sin salir del aeropuerto alquilamos un minúsculo automóvil (tuvimos que sentar las maletas en el asiento de atrás y meter el neceser en el maletero). Ni que decir tiene que conducir por la izquierda tiene miga, sobre todo el primer día, el segundo eres el rey y el tercero echas a los irlandeses a la cuneta, jeje; eso sí, son conductores amabilísimos, no pitan, ceden el paso y no te pegan el morro a la parte de atrás.
Las carreteras, por el contrario, son horribles, pero con el encanto de que ovejitas y vacas te contemplan (son tan respetuosas que ni siquiera invaden la calzada). Kilkenny fue la primera parada, un pueblecito mediano con encanto. La siguiente fue Galway, hermosa ciudad que celebraba sus races en aquellas fechas, con lo que las señoras (léase jovencitas) iban todas de punta en blanco, tocadas con sombreros que no desentonarían en Ascot, y los señores, como no, ataviados con el sempiterno traje. Allí visitamos los espectaculares acantilados de Moher y zarpamos hacia las islas de Arán, enclave mágico, y aislado hasta hace escasas décadas, donde los halla.
Contaba Synge en su libro Las islas de Arán (que un día reseñaré ¡hay que documentarse amigos antes de partir!) que cuando alguien enfermaba solían acudir el médico y el cura, porque no sabían si podría zarpar si el clima empeoraba. Allí, obviamente, sobrevivimos a una suerte de diluvio en miniatura y gozamos de un pub típico con musica en directo (como todos los pubs de Irlanda), pero con la peculiaridad de que aquí el tiempo sí parecía haberse detenido, y nos acercamos a la casa construida por el equipo de Flaherty, cuando rodó Hombres de Arán. Por cierto, en esta zona hablan gaélico, cosa que hace que su inglés sea mucho más neutro y comprensible, porque eso sí, los irlandeses no hablan nada de castellano (ni de cualquier otro idioma), puesto que no les interesa lo más mínimo lo que pase más allá de sus fronteras (los diarios, todos sensacionalistas, sólo recogen noticias propias, a lo sumo, alguna referencia a la guerra de Irak cuando caía algún soldado inglés).
[Continuará...]
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29 julio 2007
¡Cerrado por vacaciones again!
Camaradas,
Como ya es habitual por estas fechas el doctor Zelig se dispone a tomar sus merecidas vacaciones, así que durante el próximo mes de agosto siento decirles que no podrán disfrutar del frenético ritmo de actualizaciones del que de un tiempo a esta parte hacía gala. En cualquier caso, el próximo 1 de septiembre aquí les espero con entradas fresquitas.
Mientras tanto que mejor forma de soportar la espera y superar la añoranza que releyendo alguno de mis antiguos y exquisitos posts. Para seguir con la tradición del año anterior les anoto tres cosas que, a mi pesar, no haré este verano:
1. Tomarme una Coca-Cola en la Plaza Roja mientras grito: I'm a real comunist!
2. Darme un garbeo en helicoptero con la Espe y el Marianín
3. Dibujar una portada de El Jueves con el juez Del Olmo haciendo un doggie stile.
See you soon,
Leonard Z.
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28 junio 2007
Viendo Grbavica (2006) de Jasmila Zbanic y El último rey de Escocia (2006) de Kevin MacDonald
Excelente la opera prima de Jasmila Zbanic, que ganó el Oso de Oro en Berlín. Ambientada en Sarajevo, en el seno de una familia bosnia, narra la tensa relación entre una madre que fue violada durante la guerra de la antigua Yugoslavia y su hija rebelde, que desconoce la verdad y se cree vástaga de un héroe.
La directora vertebra estupendamente la excelente interpretación de la madre y la hija con la recreación de la Bosnia actual, la corrupción, las viudas de la guerra, los excombatientes y el esfuerzo de todos, a pesar de las humillaciones que han de sufrir, por salir adelante y cerrar las heridas. En definitiva, un filme que es el reverso oscuro, de las por otro lado excelentes, películas luminosas y vitales de Kusturika.
---
Esperaba más del filme de MacDonald, que no pasa de ser un trabajo correcto. La recreación de la Uganda de la época parece acertada, aunque a veces se hace demasiado increíble la ingenuidad del joven doctor escocés (por mucho que este basada en hechos reales, tal vez, por eso mismo, uno piensa que quizá no era tan ingenuo).
Lo que no entiendo es la claudicación de todo el mundo con la interpretación de Forest Whitaker como Idi Amin, que lo hace bien ojo, pero no creo que sea tan absolutamente definitiva como para recibir todo tipo de elogios y premios (el Oscar, entre otros) sin ningún pero ni ninguna voz crítica; como pasó también con Philip Seymour Hoffman, en Capote. Creo, por ejemplo, que tanto en Bird (la obra maestra de Clint Eastwood) el primero como en Happiness (la respectiva obra maestra de Solondz) el segundo hacen interpretaciones muy superiores a estas; pero parece que muchas veces se premia y se escribe mucho más de oído que no yendo a las salas. C’est la vie.
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22 junio 2007
Escuchando The Rolling Stones (Estadi Olímpic de Montjuïc)
Aprovechando que sus satánicas majestades se acercaron a saludar al amigo Zelig, organizamos una pequeña expedición para recibirles como es debido: a la “trobada” asistieron el ínclito que les habla, la Subcomandante Mofletes, Tom Young, O. Bronski, Ops (todo un maestro con los codos) y señora, más dos convidados de piedra.
El concierto estuvo a la altura de lo que se esperaba: intenso, espectacular y trufado de clásicos, con recuerdo y homenaje para el recientemente fallecido James Brown (el amigo Young, todo un mitómano en lo a que Stones se refiere, sentenció que era el mejor de los cuatro conciertos a los que había asistido). Nuestra ubicación fue, dentro de lo que cabe, inmejorable, justo en el centro de la pista y al final de la pasarela móvil por la cual se desplazaba el escenario, eso hizo que cuando cantaron clásicos como “It’s Only Rock´n Roll” o “Honky Tonk Woman” estuvieramos a escasísimos tres metros de Jagger & Co (como es habitual, vaya al concierto que vaya, mi canción preferida nunca es tocada, en este caso fue “Paint in Black”; tampoco cayo “Angie”).
Sorprendente fue el estado de forma de Jagger: fibrado, atlético y con una energía que ya quisiera yo no a los sesenta sino a los treinta, a Ronnie Wood también se le veía en forma, Charlie Watts estuvo hierático en su batería y al que se vio más lento de reflejos y movimientos fue a Richards (¿será por culpa del cocotero?) que aún así aguantó inconmensurable durante todo el concierto.
Inexplicablemente, los mismos energúmenos que exclamaron “mayúsculo” en el concierto de Springsteen también hicieron acto de presencia en este concierto que acabó con un espectacular “Satisfaction” cantado a viva voz por las 50.000 almas del recinto. Inolvidable. Imagino que habrá todavía como mínimo una gira más antes de que se retiren, seguro que volveremos.
I know, it’s only rock’n roll, but I like it.
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16 junio 2007
Mi humilde propuesta a la fanfarria nacional
Ahora que el himno patrio se ha convertido en cuestión de Estado, no podía dejar pasar la oportunidad de aportar mi granito de arena a tan interesante debate.
En primer lugar yo suprimiría el actual por alguno de mayor raigambre léase "Mi carro" o "Aserejé": el primero tiene la virtud de ser una letra castiza y de sobras conocida, el segundo además de ser ya un himno mundial viene acompañado de un simpático baile con el que sorprender y ganar para la causa a los espectadores más reacios.
En cualquier caso, parece que el quid de la cuestión estaba en que la fanfarria actual ya nos vale, pero le falta letra, algo que no entiendo pues en mi tierna infancia se cantaban unas hermosas coplas (y que además no tienen derechos de autor, para desesperación de los bandoleros de la SGAE) que deberían recuperarse. Así pues, esta es mi propuesta; lamentablemente sólo recuerdo la primera estrofa. De nada.
Franco, Franco
que tiene el culo blanco
y su mujer
lo lava con Ariel...
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11 junio 2007
Leyendo El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco de Charles Bukowski y Ronda del Guinardó de Juan Marsé
El capitán...: Bukowski me parece un escritor interesante (al igual que a Faemino y Cansado al que siempre dedicaban sus espectáculos), pero tampoco es mi autor de cabecera. He leído algo de su poesía y sus relatos breves y hay de todo: algunos (pocos) muy buenos y otros correctos y malos; no obstante, entiendo la importancia de su obra sobre todo en sus aspectos formales y en su integridad a la hora de abordar el yo.
El libro en cuestión es un diario de sus últimos meses antes de morir. Contemplamos a un Bukowski viejo, famoso, que pasa la mayoría de los días apostando en el hipódromo, que se baña en su jacuzzi y que pese a que él mismo se siente extraño, tras vivir años entre escombros, por nada renunciaría a eso. Cortito y entretenido (por cierto, el título es magnífico).
---
Ronda del Guinardó: Juan Marsé es sin duda uno de los mejores autores contemporáneos y uno de los que cuidan más su prosa. Esta pequeña gran novela tiene muchas de sus claves habituales: niño protagonista, ambientada en la posguerra, etc.
La trama es el paseo (o ronda) que el protagonista, un policia, hace por el barrio barcelonés del Guinardó con una niña hasta el depósito de cadáveres para que certifique si el cuerpo que han encontrado es el del hombre que la violó unos años atrás. La niña se resiste a ir al tanatorio y el policía decide acompañarla en su quehacer diario, lo que aprovecha el autor para hacernos un fresco de la vida española de los años cuarenta. Excelente.
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24 mayo 2007
Viendo Una historia de Brooklin (2005) de Noah Baumbach y The hidden blade (2004) de Yoji Yamada
Una historia de Brooklin. Una agradable sorpresa este filme ambientado a mediados de los años ochenta. Cuenta de forma ácida y cruel la desestructuración de una familia neoyorquina. El guión y los actores están espléndidos, desde Jeff Daniels, que hace de padre, escritor fracasado y profesor universitario que quiere acostarse con sus alumnas (que no es otra que Anna Paquin, la niña de El piano que ya está crecidita), hasta el hijo pequeño, ni siquiera es aún adolescente, borracho, pajillero y con tendencias suicidas.
Por estar bien, está (y me cuesta creerlo) William Baldwin (como profesor de tenis que se acuesta con la madre, of course) el peor (aunque quien se arriesga a decir cuál es el peor de ellos) de esa plaga bíblica que son los hermanos Baldwin. Aún así, una película muy recomendable, a medio camino entre Happines y American Beauty.
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The hidden blade. Este filme en cambio fue decepcionante, a pesar de que el tema podía dar mucho más de sí. El argumento planteaba un filme de samuráis ambientado a finales del s. XIX, cuando ellos ya han perdido su papel en la sociedad y las armas de fuego han desplazado sus técnicas ancestrales.
Suena interesante, ¿verdad? Uno esperaba una película crepuscular al estilo de El hombre que mató a Liberty Valance o Centauros del desierto en el western (dos clásicos que ningún ser humano, o incluso sin serlo, debería morir sin ver); sin embargo, el trabajo del veterano director japonés está muy lejos de aspirar a eso y se queda en una soporífera historia de amor.
Vuestro cinéfilo de guardia,
Z.
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13 mayo 2007
Un año después seguimos bajando el nivel: ¡Viva el Festival de Eurovisión!
Pues sí fieles seguidores, tal como amenacé el año anterior he vuelto a ver el Festival de Eurovisión. Este año volví a llegar tarde y me enganché en la décima canción más o menos. Así que la crónica vuelve a ser incompleta, pero ¿quién demonios la quiere completa?
Antes que nada diré que mis dotes de pitoniso volvieron a hacerse patentes (así puede atestiguarlo la Subcomandante Mofletes) y volví a acertar el ganador. Tuve la intuición de que la ñoña de la serbia iba a ganar, huelga decir que yo iba con la locaza envuelta en papel de plata y brillantina ¿era de Ucrania? o los franceses con batería con alitas y cantante vestido de rosa corriendo por el escenario.
La conclusión que obtuve es que sigue imponiéndose lo bizarro (la locaza acabó segunda) y que este año aumentó la proporción de frikis, no obstante, sigue habiendo una reticencia todavía a consagrar este festival al petardeo europeo y aún hay un sector que apuesta por lo clásico (verbigracia los ganadores). España como siempre sigue sin enterarse de nada, después de que lo de Eurovisión fuera una cuestión de Estado, las cuatro o cinco cabezas pensantes (lo de pensante es una licencia de quien escribe) que deciden cada año qué enviamos apostaron por una copia relamida de los Back Street Boys, algo más acabado que las maracas de Machín. En el país del frikismo que tengamos que ser representados por este panda de engominados teniendo artistas de raza como Tomeu Penya o Cañita Brava clama al cielo.
En fin, ya espero ansioso la próxima entrega de este gran despropósito (un consejo, hagan como yo, disfuten el festival con unas botellas de Lambrusco -cayeron cuatro repartidas entre tres seres humanos- de otra forma se hace muy cuesta arriba). Salud.
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09 mayo 2007
Viendo Moby Dick (1956) de John Huston y Crónica de un amor (1950) de Michelangelo Antonioni
Hablemos sucintamente de dos clásicos vistos recientemente (rodolí).
Moby Dick: La obra maestra de Melville fue adaptada por Huston con un resultado aceptable. No diré que es un clásico imprescindible, pero sí una gran obra. La elección de Gregory Peck, que siempre fue cuestionado como Capitan Ahab, no me parece desacertada, o en todo caso, defiende aceptablemente el papel. Es destacable el tratamiento del color y la ambientación, sobre todo, al principio del filme con esas irreales y a la vez embrujadoras escenas de taberna irlandesa (a la manera de Ford en El hombre tranquilo). Espectacular es, también, la escena de Ahab muerto arrastrado por la ballena.
Por cierto, guardo como un pequeño tesoro (en mi archivo de lecturas pendientes) el libro Sombras verdes, ballena blanca (uno de esas joyitas, que precisamente porque lo es está descatalogada) que son las memorias del rodaje de aquel filme hechas por el guionista del mismo, entonces un desconocido Ray Bradbury.
---
Crónica de un amor: Fue la ópera prima del maestro italiano en una época en que todavía navegaba por el neorrealismo y no frecuentaba las turbulentas aguas experimentales.
Enmarcada dentro del género negro (aunque todavía con el legado neorrealista muy presente), la película es un triangulo amoroso con asesinato incluido, of course, y un frío retrato de la alta burguesía italiana de la época. Excelente como femme fatale Lucia Bosé.
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01 mayo 2007
Viendo 300 (2006) de Zack Snyder y Shortbus (2006) de John Cameron Mitchell
300: Correctillo el filme basado en la batalla de las Termópilas. De hecho, no sigue lo relatado por Heródoto, sino el espléndido cómic de Frank Miller, esto es, fidelidad histórica (si es que puede haberla ya sea siguiendo a Heródoto, Diodoro de Sicilia o Miller) parece que más bien ninguna; pero eso, al fin y al cabo, no es lo importante.
La adaptación del cómic a la pantalla (visualmente, me refiero, no está mal), los actores son armarios sin pretensión de ser nada más, pero el filme pasa agradablemente. A mi juicio, abusa en demasía de las escenas de batallas, y alguien me dirá: ¡coño, pero si narra precisamente eso! Ya, pero hay maneras y maneras de hacerlo, el maestro Bresson en su Lancelot du Lac filmaba las batallas desde el fuera de campo, no las veíamos pero las presentíamos, porque no siempre lo explicito es lo mejor, amigos.
---
Shortbus: En cambio en esta película, lo explícito está más que justificado. Diferentes personajes confluyen en el local neoyorquino que da título al filme, para hablar, hacer y resolver sus problemas sexuales. Actores semiprofesionales configuran un reparto que no escatima en escenas explícitas.
Es un filme valiente, con una buena dirección fílmica y actoral que sorprende por la naturalidad interpretativa (parece que un "intenso" casting y meses de preparación dio lugar a ello). Para el recuerdo, la descacharrante (no se me ocurre un adjetivo mejor) escena en que cantan el himno americano, no desvelaré cómo, tendrán que verla para averiguarlo.
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26 abril 2007
Repesentando Joseph i l’increïble abric en Technicolor (Teatre del Sol) de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice
Sí amigos, como estoy hecho un marchoso, acudí a la representación hecha por un grupo de teatro amateur (bueno, más bien semiprofesional, creo) de la que es la ópera prima del dueto Webber y Rice (que me consta también tienen grandes detractores).
Antes que nada, tengo que elogiar el excelente trabajo, y ya van unos cuantos, que ese pequeño genio que es Daniel Anglès (responsable de El musical més petit) ha hecho para adaptar la obra al catalán.
Dicho esto, la representación en sí fue absolutamente espléndida y lo digo de forma tán mayúscula, porque superó, y con creces, todas las expectativas que tenía puestas sobre ella. Hay números musicales antológicos (la canción de los colores del abrigo, por ejemplo), que con la buena voluntad y disposición del equipo del Teatre del Sol suplen la carestía económica y de medios. Los actores transmiten la alegría que el musical desprende, uno sale de la obra imbuido en esa orgía fraternal que el musical propone y que no hace sino constatar que a veces la fama o el reconocimiento es cuestión de suerte, porque el talento sigue habitando en los lugares más inhóspitos.
En fin, si tienen la oportunidad, no se la pierdan yo no descarto repetir (algo inaudito en mí) antes de que desaparezca del cartel.
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23 abril 2007
I was dead for 4 weeks in the city of Barcelona...
Sí amigos, haciendo mío el titulo de las denostadas hermanas Llanos les invito a mi resurrección. Después de transitar por las mismísimas puertas del infierno durante estas últimas cuatro semanas, parece que empiezo a recuperar el tiempo perdido. Estoy seguro de que no sólo no se han ido sino que aguardaban expectantes mi regreso.
Hoy, como ya ha comentado nuestro amigo Lev (en su heterónimo Valdi) es un día especial: sei Sancti Giorgio. Así que, que mejor reencuentro que comentar los libros que nos han o nos hemos regalado.
Por mi parte les diré que la Subcomandante Mofletes apostando sobre seguro me ha sorprendido con El secreto del mal, uno de los dos libros inéditos de Bolaño que se han publicado recientemente (en este caso un conjunto de relatos que mucho me temo empiece mañana mismo a devorar) y un inesperado Contra los ismos de Gao Xingjian, una miscelánea del premio Nobel chino que recoge una pieza teatral y algunas breves prosas inéditas.
Les cedo el turnos señores/as...
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26 marzo 2007
Leyendo Los girasoles ciegos de Alberto Méndez y Tombuctú de Paul Auster
Alberto Méndez fue un tipo curioso, estuvo vinculado durante toda su vida al mundo editorial, de una u otra manera, hasta que finalmente se decide a publicar su primera obra, Los girasoles ciegos, para morir pocos meses después. A través del boca oreja, el libro se ha convertido en un pequeño éxito editorial aunque él no llegó practicamente a saborearlo.
El libro está compuesto de cuatro relatos breves ambientados en la Guerra Civil o inmediatamente después. Son cuentos de perdedores, todos de un alto nivel narrativo y de una gran calidad, que reconstruyen nuestra memoria colectiva. Desde el militar del bando nacional que deserta porque su bando solo quería aniquilar al otro y no ganar la guerra, al del hombre recluido en su armario que asiste impotente a la humillación de su familia. Aunque, seguramente, el sobrecogedor segundo relato (que se había publicado anteriormente en solitario y que ya había sido premiado), el del joven poeta adolescente que huye por las montañas con su mujer embarazada, sea el mejor de ellos. Muy recomendable.
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El siguiente libro, en cambio, no lo recomiendo. Tombuctú es una novela pesada, que se hace interminable. Auster nos propone seguir las vicisitudes de un perro y sus cambios de dueño vistos desde el punto de vista del can. El autor intenta ser gracioso, pero lo único que consigue es que deseemos que un tráiler pase cuanto antes por encima del chucho y se termine la novela.
Seamos claros, Auster en un buen autor (tampoco he oído nunca a la crítica decir que sea el gran autor contemporáneo), buen exponente de la posmodernidad y que cuenta con el favor del público, pero al que yo creo le falta un punto para ser uno de los grandes. (¡Ojo! No se me maliterprete, sigue siendo un tipo interesante, al que pienso seguir leyendo, y que ha firmado buenas obras como El libro de las ilusiones; su filme, por cierto, Lulu on the bridge, es un peñazo.) Veremos que tal la siguiente.
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