No puedo dormir con esas lágrimas, goteando encima de mí.
No más lágrimas, Héroes del silencio
Sí amigos más de una década después de su disolución, el grupo zaragozano se ha reunido para esta mini gira a la que, por supuesto, maese Zelig no podia faltar.
El concierto, lo digo desde un principio, fue espectacular. Si ha habido una banda de rock española (con el permiso de Extremoduro y Kortatu; sigo pensando que como mejor suena el rock es en vasco) esta ha sido Héroes. No sólo aúnan canciones y talento (Valdivia es, sin duda, uno de los mejores guitarristas que ha dado la piel de toro), sino que además tienen en Bunbury a la única verdadera estrella del rock (con todas sus pegas también) que ha generado este país, sólo hay que ver imágenes de sus conciertos veinte años atrás. Otra cosa es que caiga mejor o peor y que pueda ser chulo (que lo es). Siempre defenderé a aquél que intenta tener una voz propia, a aquél que se arriesga, que no al cantante (o persona, da igual) anodino que no alza la voz. Muestra de ello, también, es el cambio de registro de su carrera en solitario, que aunque irregular, tiene discos extraordinarios como Pequeño, sin duda, uno de los mejores de los últimos años.
Volviendo al concierto, fueron dos horas y medía de alta intensidad, no faltó ninguno de sus clásico y Bunbury manejó al respetable a su antojo, la frase que cito fue uno de los momentos culminantes con la Romareda a reventar coreando la canción. Como no podía ser otra forma, y dado que esta vez no nos acompañaron los energúmenos, nuestra querida Mofletes fue quien entonó el santo y seña mayúsculo.
15 octubre 2007
Escuchando a Héroes del Silencio (Estadio de la Romareda. Zaragoza)
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03 diciembre 2006
Escuchando Fito y Fitipaldis (Palau Sant Jordi) y Quique González (Luz de Gas)
Sí queridos, después de casi dos semanas sin actualizar, y sin ningún remordimiento por mi parte (¡ah!, son tantas las obligaciones del hombre moderno y tan poco el tiempo del que dispone) vuelve el tío Leonardo con nuevas actualizaciones; curioso que un tema tan poco comercial, como el de "V de Vendetta y Cowboy Wally" se haya encaramado al número tres en el ranking de comentarios, muy especialmente gracias a las trifulcas de mis adorados O. Bronsky y Tom Young y al cicañero Lev. Bien, vayamos al grano, éste fue un fin de semana conciertil. Hete aquí:
Fito y Fitipaldis: Al amigo Fito & co. ya lo he visto varías veces, la mayoría como telonero de Extremoduro, pero lo que son las cosas, de un tiempo a esta parte se ha convertido en un grupo mainstream capaz de llenar el Sant Jordi. Aunque soy de los que prefiere su antigua etapa como Platero, éste fue también un buen concierto (aunque más frío en el trato con el público que otros anteriores). La aterradora anécdota, por el peligro a que se convierta en una moda, fue cuando en un momento del concierto una voz cándida gritó "mayúsculo"...
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Por otro lado, el concierto de Quique González tampoco estuvo nada mal. Aunque no es un cantautor que escuche (sus discos me recuerdan demasiado a otros -como Los Secretos, por ejemplo- y uno ya tiene sus propios cantautores de cabecera para dejarse seducir por productos similares) sí reconoceré que tiene un buen directo que disfruté cuanto más rockero se tornaba (ya se sabe que la cabra tira pal monte) y que para nada se hizo pesado.
Fue una noche extraña ésta, que acabamos unos cuántos a las seis de la mañana como cubas jugando al Scene it?, donde, para mi sorpresa, sólo es importante haber visto una película de la historia del cine para ganar: Campo de sueños (sí aquella de Kevin Costner de fantamas y beisbol), pues una de cada cuatro preguntas versaban sobre este filme. A tenor de lo visto en el juego, habrá que empezar a reescribir la historia.
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22 junio 2007
Escuchando The Rolling Stones (Estadi Olímpic de Montjuïc)
Aprovechando que sus satánicas majestades se acercaron a saludar al amigo Zelig, organizamos una pequeña expedición para recibirles como es debido: a la “trobada” asistieron el ínclito que les habla, la Subcomandante Mofletes, Tom Young, O. Bronski, Ops (todo un maestro con los codos) y señora, más dos convidados de piedra.
El concierto estuvo a la altura de lo que se esperaba: intenso, espectacular y trufado de clásicos, con recuerdo y homenaje para el recientemente fallecido James Brown (el amigo Young, todo un mitómano en lo a que Stones se refiere, sentenció que era el mejor de los cuatro conciertos a los que había asistido). Nuestra ubicación fue, dentro de lo que cabe, inmejorable, justo en el centro de la pista y al final de la pasarela móvil por la cual se desplazaba el escenario, eso hizo que cuando cantaron clásicos como “It’s Only Rock´n Roll” o “Honky Tonk Woman” estuvieramos a escasísimos tres metros de Jagger & Co (como es habitual, vaya al concierto que vaya, mi canción preferida nunca es tocada, en este caso fue “Paint in Black”; tampoco cayo “Angie”).
Sorprendente fue el estado de forma de Jagger: fibrado, atlético y con una energía que ya quisiera yo no a los sesenta sino a los treinta, a Ronnie Wood también se le veía en forma, Charlie Watts estuvo hierático en su batería y al que se vio más lento de reflejos y movimientos fue a Richards (¿será por culpa del cocotero?) que aún así aguantó inconmensurable durante todo el concierto.
Inexplicablemente, los mismos energúmenos que exclamaron “mayúsculo” en el concierto de Springsteen también hicieron acto de presencia en este concierto que acabó con un espectacular “Satisfaction” cantado a viva voz por las 50.000 almas del recinto. Inolvidable. Imagino que habrá todavía como mínimo una gira más antes de que se retiren, seguro que volveremos.
I know, it’s only rock’n roll, but I like it.
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14 febrero 2006
Viendo Good night, and good Luck (2005) de George Clooney
Buen trabajo el filme dirigido por Clooney. La película es una de aquellas que gusta ver: con actores acotados en un espacio, ritmo rápido y diálogos inteligentes y ágiles (los subtítulos vuelan) que no dan respiro al espectador. La historia narra la lucha de un periodista televisivo contra el senador McCarthy y su caza de brujas, allá por los años 50, contra rojos, demócratas, comunistas y cualquiera que se opusiera a los ideales neoconservadores. David Strathairn el actor que da vida al periodista Ed Murrow, protagonista de la historia, está esplendido (le leía a Clooney en una entrevista que parecía que al salir en antena contuviera todo el peso del mundo sobre sus hombros; algo de eso hay) en un personaje que asume las consecuencias que le derivará enfrentarse al poder establecido. Detalles como el tic nervioso de su pierna o el constante trasiego de cigarrillos a lo largo de todo el filme denuncian el aparente tono flemático del personaje. La película está plagada de excelentes secundarios, a mi juicio el único pero del filme es precisamente el poco partido que se saca a alguno de ellos, apenas si se dibujan, y nos perdemos sus puntos de vista, sus dudas y secretos, que serían también muy interesantes, pues todos estaban en el mismo barco.
La libertad de expresión, la denuncia constructiva, la dignificación del periodismo, la rebelión frente a los poderes fácticos, en suma, el valor de arriesgarse a perderlo todo por unos ideales es algo que escasea actualmente. A destacar las intervenciones del periodista en pantalla (el guión recoge fielmente los textos de Murrow), verdaderas creaciones retóricas. Uno puede darse cuenta del valor de la palabra y contraponerlo contra el empobrecimiento y el desprecio mayúsculo que sufre hoy día el lenguaje tanto en la vida real como en los medios, sobre todo en televisión, donde los informativos acaban siendo una recopilación de teletipos incapaces de hilvanar el más mínimo discurso.
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