30 mayo 2006

Buenas tardes. Hoy, la parada de los monstruos: Rajoy, Zaplana, Acebes y Martínez Pujalte

Leonard Zelig: Buenas tardes
Público: Buenas tardes

LZ: ¿Cómo están ustedeeeeeeees??
Pu: ¡Bieeeeeeeeeeen!!
(Entra Mariano Rajoy montado en triciclo.)
MR: ¡Hilillos de plasteliiina, hilillos de plasteliiiiina!!
(Sale.)
LZ: Niños, niños, no os asustéis, aquí está para haceros reir Pu-jal-tín.
(Entra Martínez Pujalte haciendo una reverencia al respetable.)
LZ: Pujaltín dinos, ¿qué opinas de las reformas estatutarias?
MP: Yo opino que.... rumbalarumbalarum (Pujaltín da vueltas en círculo con sus enormes zapatos de payaso), que cada artículo de Estatut concluya con un Força Barça y con Oleeé el de Andalucía, rumbalarumbalarum...
Pu: Ja, ja, ja.
(Sale Martínez Pujalte.)
LZ: Y ahora, señoras y señores, con todos ustedes un caso único, ¡el hombre de la cara de polla!
(Entra Caradepolla Zaplana.)
CZ: Yo me metío en el circo pa forrarme.
(Sale. Entra Rajoy con su triciclo.)
MR: ¡Uuuhh, la balcanización de las Españas, uuuhh!!
Un espectador: ¡Modosito!
(Sale Rajoy. Entra Ángel Acebes ladrando vestido de legionario.)
AA: ¡Guau, guau! ¡Dejad que los niños se acerque a miií!
Pu: ¡Uuuuhhh! Fueeera
LZ: Bien amigos, espero hayan disfrutado del espectáculo, para concluir nos despedimos con vuestra canción favorita...
(Entran Rajoy, Acebes, Zaplana y Martínez Pujalte.)
RAZMP: Amo a Jose Maari, pero esperaremos a que se desmiembre Espaaaña...
(El público abandona satisfecho el hemiciclo.)

LZ: Buenas tardes

28 mayo 2006

Viendo Plan oculto (2005) de Spike Lee y Hard Candy (2005) de David Slade

Plan oculto: Hubo en los noventa un cine de "negratas" violento, machista, que al calor del rap, hip-hop y un ritmo frenético reflejaba los problemas sociales de la comunidad afroamericana (yo también uso los eufemismos) inspirado, creo, en el cine pandillero de los ochenta y el cine de gangster, sobre todo, obras contemporáneas como Uno de los nuestros. De ahí salieron buenos directores, Spike Lee, y alguna que otra gran película como Los chicos del barrio de John Singleton, que si no recuerdo mal ha sido el director más joven nominado a un Oscar superando al Wells de Ciudadano Kane (ahora bien, si éste hizo una obra maestra tras otra, Singleton no ha vuelto a levantar cabeza y ha acabado dirigiendo mediocridades). Este tipo de filmes de barrio marginales ha ido degenerando y parece hoy un género estancado, a diferencia de otros países, ahí está la colosal Ciudad de Dios o la surafricana Tsotsi que gano el Oscar (yo no la he visto todavía) y ha tenido buenas críticas.

Spike Lee que ha hecho buenas películas (aunque no lo sigo mucho y tengo filmes de él pendientes de visionado) parece el único superviviente de aquella época. Plan oculto, es un filme correcto, sin pretensiones, bien facturado, pero sin nada más (por ejemplo, la distancia que puede haber entre este filme y Atraco Perfecto de Kubrick se mide en años luz). Sin duda, ha sido un trabajo alimenticio tanto para él como para algunos actores (Jodie Foster está horrible), se deja ver si no hay más remedio, pero también se puede ir a pasear por el campo (si es que alguien todavía pasea por el campo).

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Hard Candy: El Festival de Sitges, que no sé si antaño tuvo una buena selección de filmes, pero que de un tiempo a esta parte, sobre todo, los de la sección oficial, son bastante malos, premió el año pasado a Hard Candy (no sé muy bien con qué premios pero se llevó unos cuantos). El filme rodado con estética de videoclip tiene un buen planteamiento, pero se agota en seguida, le sobran tranquilamente 20 o 30 minutos de repetir la misma escena y el mismo argumento, como si el volver muchas veces sobre lo mismo añadiera más tensión o le hiciera ganar interés.

Bajo una supuesta condena a la pederastia, se crea una trama inverosímil, con muchos puntos oscuros y con ese puntillo fascistoide tan del gusto americano (la sempiterna ley del talión). Hagan la prueba, sustituyan a la adolescente por Schwarzenneger y el filme seguirá siendo el mismo.

25 mayo 2006

Viendo Moolaadé (2004) de Ousmane Sembene

Valiente filme el del director senegalés Ousmane Sembene, que a sus ochenta y tantos años se le considera en los manuales como uno de los fundadores del cine africano. La película muestra con una sencilla, que no simple, puesta en escena, la rebelión que en una aldea senegalesa inicia una mujer que acoge en su casa a unas niñas que han escapado del ritual de la ablación.

A lo largo del filme, vemos algunos de los rasgos más intolerantes del islam; es simbólica la pira que hacen los hombres con todas las radios del pueblo para privar a sus mujeres de todo contacto con el exterior. Sembene enfrenta la protagonista con la sociedad tribal en que vive y con su propio núcleo familiar. Su resistencia tanto a las torturas físicas como psicológicas incitará a la rebelión al resto de mujeres de la aldea. Para ellas pesa como una losa el respeto ancestral a la tradición representada en los hombres y las sacerdotisas, las cuales defienden la ablación como símbolo de purificación. Es sintomático que un mercenario expulsado del ejercito por reclamar sus derechos y el hijo del jefe de la tribu que emigró a París sean las únicas voces críticas.

El siempre polémico Houellebecq escribió hace unos años que hay culturas y religiones más avanzadas que otras (el islam). Sería maniqueo afirmar eso, si por islam entendemos los rasgos más intolerantes de éste (el burka o la ablación), también podríamos decir lo mismo de la iglesia neoconservadora americana, su creacionismo divino y sus innumerables casos de pederastia.

A raíz del escándalo de las viñetas, Zizek, que pasa por ser el filósofo de moda, defendía que hemos de tratar a los fundamentalistas como seres adultos, es decir no podemos caer en exculpaciones y sus actos de barbarie no pueden justificarse nunca, como no debe hacerse con la ablación por mucho mandato divino que lo ordene. Algo que, para mas inri, como dicen las protagonistas del filme, ni siquiera menciona el Corán.

23 mayo 2006

Bajando el nivel, hoy hablamos de el Festival de Eurovisión

Sí amigos, no hay nada mejor para conocer al enemigo que analizar sus costumbres. Así que, después de largos años de indiferencia, volvi a ver, casi por error (me pilló cenando), el Festival de Eurovisión. Si hace unos años me mantuve impertérrito a la fiebre mediática de la ciceroniana Rosa I de España y Olé, este año sí que sucumbí a los influjos catódicos. Lamentablemente he de decir que no será una crónica completa, puesto que sólo vi las 7 u 8 últimas actuaciones musicales y la votación (ayudó también el que este año fuera rapidito el tema, a las twelve ya había acabado todo). Empecé a verlo, más o menos, cuando tocaban los finlandeses, de los que luego hablaremos, que a la postre serían los vencedores, y que fueron mis favoritos en todo momento.

Digámoslo ya, la canción ganadora era malísima, yo pensaba que ese hard-rock satánico estaba enterrado en los 80, pero no, parece que por el norte de Europa, ahí están también los Turbonegro, perviven esos grupos bizarros. Y ese fue el gran acierto, para ganar en Eurovisión hay que ir así, con grupos frikies de narices (por si alguien no los vio iban todos con máscaras monstruosas de saldo, crucifijos y demás parafernalia), que son los únicos que no se toman en serio estas cosas, igual que los televidentes claro; como también Letonia o Lituania (alguien debería plantearles a uno de los dos países cambiarse el nombre, no hay manera de distinguirlos) con una especie de Leo Bassi dando saltos durante la actuación y berreando que ellos eran los campeones de Eurovisión (así rezaba la letra) y no con baladas ñoñas como los franceses o con un grupo gospel israelí (sic.) [Ojo, y a estos dos sólo los vi en el resumen final de un par de segundos que hicieron de todas las canciones, mayor rigor en mis comentarios imposible].

Por el lado español, qué esperabamos, no quedamos [y digo quedamos por cortesía, yo iba con Finlandia o Lituania/Letonia] los últimos pero casi, no está mal teniendo en cuenta que la suma de las cuatro ketchuperas y un canuto (de los de hacer la o) da como resultado una semicircunferencia. Impagable los comentarios de la narradora que no tenía ni idea de inglés y no se enteraba de nada (si no lo era, parecía la misma voz que retransmite el patinaje artístico y se derrama cada vez que algún efebo ruso hace una pirueta), sólo pillaba como todos cuando decían lo típico de los "ten points". Al principio se cogía unos cabreos tremendos y se le notaba que le jodía un huevo que los finlandeses fueran sumando puntos, luego se apuntó a la teoría de los países vecinos y la inmigración para justificar los votos (de sobra conocida es la inmensa inmigración finlandesa), y al final cuando se le acabaron las excusas acepto resignada el triunfo diciendo que eran chicos muy majos, etcétera.

Como colofón, decir que a España sólo le votó Andorra (es decir, los mismos españoles, jovencitos la mayoria, que les pilló el Festival chapoteando en Caldea y echando un kiki) y Albania (a éstos les pillaría de visita en algún chalé y aprovecharon para votar). En fin, yo hubiera envíado al Koala con su Opá, y como parece que este año se ha destapado el tarro de las esencias, la edición del año que viene promete con lo más granado del bizarre europeo. Yo ya estoy impaciente, o no ¿y ustedes?

22 mayo 2006

Viendo Caché (2005) de Michael Haneke

Interesante filme el del director austríaco: una pareja recibe unas cintas de video anónimas donde se les ve a ellos en situaciones cotidianas. Con esta premisa, Haneke construye un discurso sobre la culpabilidad del mundo occidental. Como él mismo declara, el bombardeo diario de imágenes violentas del tercer mundo en los países ricos, que disfrutan de paz, avivan nuestra mala conciencia. El director se centra en un episodio de la infancia del protagonista Daniel Auteuil, que está absolutamente espléndido, por contra la Binoche, una grandísima actriz (en Azul, por ejemplo, de mi idolatrado Kieslowski, se salía), no me acaba de convencer. Haneke construye el discurso de culpabilidad mediante este episodio infantil que relaciona a su vez con el drama de la independencia argelina. Ni que decir tiene que los recientes disturbios de los barrios marginales franceses, en su mayoría descendientes de inmigrantes, es una de las consecuencias de esta mal llevada globalización. Auteuil escapa de esa culpabilidad tomando pastillas para domir, pero eso no impide que el problema siga latente.

Como es habitual en él, el director austríaco construye un ambiente opresivo con escenas impactantes: el suicidio del argelino, que se intuía en los dibujos anónimos ¿no serían obra del mismo Auteuil, es decir de su propia conciencia? Asimismo, como buen filme francés que se precie, hay también una crítica feroz a la pequeña burguesía y a las relaciones de pareja. Al final del filme, la pregunta inicial se diluye, poco importa quién envía las cintas, ¿tal vez el propio Haneke? pues ellas no son nada más que el resultado de esa mala conciencia que persigue a Auteuil y que debería perseguir a toda la sociedad que permanece impasible, si no alienta, los desmanes que suceden lejos de los países occidentales.

18 mayo 2006

Representando Hamelin de Juan Mayorga (Teatre Romea)

Es arriesgado aventurar qué autores resistirán el paso del tiempo y cuáles pese a éxitos espectaculares y estar en boca de todo el mundo apenas si dentro de unos años serán un vago recuerdo. Juan Mayorga, sin duda el dramaturgo más brillante de su generación, pertenece al primer grupo. Es un autor versátil capaz de moverse con comodidad y soltura por diferentes registros, desde la sátira de Alejandro y Ana, al drama psicológico de El jardín quemado pasando por la invención formal y la metaliteratura de Hamelin.

De un tiempo a esta parte, Mayorga, heredero natural de Sanchis Sinisterra, ha puesto su calidad dramática al servicio de la compañía Animalario. Compuesta por actores sobradamente conocidos tanto por sus papeles cinematográficos como por los televisivos, es de aplaudir que no se hayan adocenado y sigan trabajando en la misma senda alternativa y reivindicativa de sus inicios. Si Mayorga tendrá su justa mención en los futuros manuales de literatura, no me cabe duda de que Animalario la tendrá en la historia teatral de este nuevo milenio.

¿Y Hamelin? Buen texto, buenos actores, buena solución escénica, buena representación... poco más que añadir. Cuando Godard presentó su primera película A bout de souffle, alguien dijo (aquí me la juego, quizá fue Andre Bazin) "persigan a ese hombre". Era una advertencia en el sentido positivo del término; ese hombre era peligroso porque estaba explorando caminos por los que nadie había ido (tiene narices que Godard, que debe rondar ya los ochenta, siga al otro lado del espejo mientras la mayoría continua dándose cabezazos contra él; pero eso es otra historia). Esa afirmación, si bien es excesiva en Mayorga -todavía le queda mucho por recorrer- no invalida su sentido y nos insta a seguir alerta.

15 mayo 2006

Escuchando Bruce Springsteen en el Palau Olímpic de Badalona

Sí amigos el doctor Zelig era uno de los afortunados que asistió al concierto del pasado domingo. Confieso que en un principio compré el CD sin saber muy bien a qué atenerme, esperaba un disco mucho más intimista al estilo de The ghost of Tom Joad. Para nada, tras dos segundos de escucha sabía que me encantaría. El disco es sencillamente magnífico, Springsteen te coloca en medio de una dixieland e instintivamente uno se levanta a dar palmas como un loco. Contiene pinceladas de jazz, country, folk, gospel, música protesta, tradicionales irlandesas, etc., y los temas van desde canciones reivindicativas de los estibadores negros de Nueva Orleans en el s.XIX "Pay me my money down" a himnos country que glorifican a Jesse James como el Robin Hood americano.

El concierto, de casi tres horas, del amigo americano fue espectacular. Mandolinas, ukeleles, guitarras, violines, trompetas, trombones, tubas..., otros instrumentos inverosímiles hechos con llaves o tocados con cuchara, etc. Dice Springsteen, en el DVD que acompaña al disco, que eran instrumentos errantes, los músicos viajaban de pueblo en pueblo con ellos (bueno igual con la tuba no, pero qué importa). Ese ha sido el planteamiento de la gira, un escenario pequeño, sin adornos, y voces desgarradas y un ritmo endiablado al más puro estilo de las big bands del sur estadounidense. ¡Ah, queridos!, para qué seguir, inenarrable... Si grande fue el primer concierto que hizo en el Sant Jordi con la gira del The Rising, éste en un registro totalmente distinto también lo ha sido, y sin utilizar ni un solo hit de su repertorio, algo que muy pocos músicos pueden permitirse. Es una lástima que haya tanto analfabeto musical que siga pensando que "Born in the USA", por ejemplo, es una canción fascista o que Springsteen encarna toda esa bobería conservadora americana que esta asolando el país y que es el opuesto de lo que él representa. Pero no seré yo quien convierta infieles.

Como siempre, hubo una nota negativa, y es que el tío Zelig no va a cualquier sitio y sus entradas, obviamente, estaban en la zona VIP, lo que comporta, a la par que una visión privilegiada del escenario, tener al memo sin personalidad del Fuentes a mi lado, de hecho lo tuve berreándome en la oreja todo el concierto. El cabrón se sabía todas las letras del disco y no perdonó una. Pero a cada cerdo... en un momento del concierto Springsteen lanzó un speech en inglés que debía ser divertido, pues cuatro o cinco personajillos del público rieron a mandíbula batiente, demostrando que habían pillado el chiste, Fuentes entre ellos claro. Su compañera le preguntó qué había dicho, y éste, atrapado entre la espado y la pared y tras unos segundos meditando, le respondió un lapidario "No ho sé".

We shall overcome [Venceremos]. Vuelve en otoño queridos, yo de ustedes no me lo perdería.

10 mayo 2006

Viendo Flores rotas (2005) de Jim Jarmusch

Jarmusch es un director interesante, con una filmografía atractiva, que a veces hace concesiones a la comercialidad olvidando su espíritu más independiente. Flores rotas es un buen filme y pertenece a ese cine alimenticio. Narra como un hombre de mediana edad (Bill Murray) al que acaba de dejar su novia recibe una carta que le anuncia que el hijo (que el desconocía que tenía) surgido de una relación veinte años atrás le está intentando localizar. Murray, con la ayuda de su vecino, inicia un viaje al encuentro de sus antiguas novias durante aquella época.

La trama es entretenida, las cuatro damas son todas diferentes entre sí y vemos como el paso del tiempo ha cambiado sus vidas y sus ideales. Le leía a Jarmusch en una entrevista que en el filme quería explotar la vena dramática de Murray; en fin, yo le desconozco esa vena, Murray en un cómico, un actor de un solo registro (hasta ahora), y su cara y su personaje es el mismo que tenía en Lost in Transtlation, por la que fue tan aplaudido, que a su vez es el mismo que ha interpretado a lo largo de toda su vida, lo cual tampoco es malo, si te cae bien -como es el caso- irás a verlo y sino pues no.

Un hallazgo interesante es el equívoco que se genera a lo largo del metraje con el cruce de Murray con diferentes jóvenes trotamundos en los que trata de reconocer a su hijo. Al concluir el filme oía como algún que otro espectador estaba confuso porque no sabía quién de ellos era el verdadero o si ese existía realmente. La verdad es que es bastante evidente, bien es cierto que no se dice durante la película, pero ¡ay amigos!, hay una cosa que se llama lenguaje visual, cualquiera que haya visto un puñado de buenos filmes (no cientos de películas bobaliconas con primeros planos de las estrellas y generales de los explosiones), entiende o intuye (porque estas cosas se intuyen) el significado de un doble plano circular, al estilo (y estos son los guiños cinéfilos que me encantan) de aquel antológico que hizo Kieslowski en aquella maravilla que era La doble vida de Verónica y que estoy seguro que aquí Jarmusch homenajea (por no decirlo de otra manera). Pero como las cosas que se hacen bien se construyen con sentido, no hay más que reparar en los créditos al final del filme y ver que ese joven en concreto estaba interpretado por el propio hijo de Murray.

07 mayo 2006

Representando Hoy no me puedo levantar de Nacho Cano (Teatro Movistar)

Me habían advertido. Bien es cierto, que hoy parece que nadie escuchaba a Mecano en los 80, y teniendo en cuenta que era el grupo que más vendía me da a mí que hay muchos que reniegan de su pasado. La verdad es que a mí no me entusiasmaban, pero sí reconozco que tenían un puñado de buenas canciones (que no me molesta escucharlas de vez en cuando, aclaro) y en su estilo popi y acaramelado eran de lo mejorcito, incluso tenía el cassete (y original nada menos) de Descanso dominical, que pasa por ser su mejor disco, aunque, al césar lo que es del césar, yo en aquella época era y sigo siendo ultimodelafilero (que además sí tenían identidad propia).

Bien, arrollando como lo está haciendo el musical en Madrid, mis expectativas eran altas. Imaginaba grandes voces, una orquesta en directo (quién sabe), números musicales espectaculares, en fin toda la parafernalia al uso al más puro estilo Broadway. Pues no, no señor. Los números musicales, salvo alguno, no eran nada del otro mundo, las versiones de las canciones eran bastante malas (algún malicioso dirá, coño pues ya tiene mérito hacerlo peor que las originales), y los actores, muy jovencitos todos, salvo alguna excepción, también eran pésimos. La trama argumental poco importa, la formación de un grupo en los 80 que llega de la nada al estrellato, su convivencia y su ruptura, aderezado con problemas sociales de la época como las drogas y el sida.

Sin embargo, hay algo que me exaspera: el uso de ese humor mesetario tan infantiloide de llamar a los gays mariquitas, de hacer bromitas sobre paquetes, locazas, etc., al más puro estilo No desearás al vecino del quinto. El libreto, que es infumable, está lleno de anacronismos históricos, diálogos vergonzantes, canciones hilvanadas unas con otras sin sentido, o cogidas muy por los pelos, personajes totalmente prescindibles y -y esto es lo peor- con gestos y actitudes alinamorganados (que debe ser la vanguardia de aquí, porque leí en la Guía del ocio acerca de otro estreno teatral que la actriz principal dotaba a sus personajes de estos rasgos y se entendía como una virtud). Diré, no obstante, que tras el paroxismo inicial, el cerebro se relaja y las cuatro horas de función tampoco se hacen eternas, el hecho de conocer las canciones ayuda, incluso las esperas, piensas bueno, así no hacen el tonto durante un rato.

Y ahora, los minutos de la polémica, yo juraría que toda la obra fue en play back. En el descanso abordé a una pobre acomodadora preguntándole sobre este hecho, ella juró y perjuró que cantaban en directo, aunque era obvio que había un retraso (delay para los expertos) en el audio de la sala (la sensación era clara) y no se entendía que los labiales no coincidieran con las letras.

En fin, ni que decir tiene que hubo alguna que otra risa atronadora durante todo el espectáculo y pude comprobar que al acabar éste había más de un espectador con los pantalones manchados pensando que había asistido al mayor hito de la creación. Al final standig ovation, bises y tras vencer un principio de trombosis después de cuatro horas sin mover las piernas nos marchamos sin comprender nada.

03 mayo 2006

La palabra más cursi, digo bella del idioma castellano

Hace unos días leía con estupor, que no con estupro, que un taller literario, or something like that, se lanzó a la bonita empresa de encontrar la palabra más bella del español, ¡oohh! Parece que la llamada obtuvo respuesta (atentos amigos de la estadística). La nota de prensa dice lo siguiente: 41.022 internautas -¡ojo! de todo el mundo, matiza el gacetillero- (no aclara si alguien votó más de una vez o si había un robot que actualizaba sistemáticamente como en la web del PP) enviaron 7.130 términos diferentes, y de entre todos ellos, tachán, se ha alzado victorioso la palabra "amor", seguida y en este orden, atención al top ten, por "libertad", "paz", "vida", "azahar" (sic), "esperanza", "madre", "mamá" (parece que se aceptaban diminutivos ¿como no quedó segunda "amorcito" o "cuchi cuchi"?), "amistad" y "libelula" (ahora bien cuántos cuando la ven no salen corriendo al grito de "bicho, bicho").

Sí amigos la conclusión es obvia; menuda panda de cursis hay en semejante taller (¡ah! como añoro el ruido de sables de la ya fenecida Brigada Anticursi, tal vez habría que resucitarla). Les ahorraré las observaciones que algunos internautas hicieron sobre su elección, como muestra un botón, habla una tal Romina desde Chile: "entiendo esta palabra [amor] como negación de la muerte; a: negación + mortis, mort: muerte; esto es, lo que da la vida. En este sentido nos está expresando el deseo del hombre de trascender, de vivir. Me parece tan bello que una simple palabra pueda expresar tanto". (Dónde coño habré puesto mi sable...) En fin, nunca he creído en los talleres literarios, y cosas como ésta me dan la razón, difícilmente alguien más cursi que un cerdo con lazo puede entender o explicar buena parte de la poesía de este siglo, a no ser claro que lo único que formen sean remedos de Antonio Gala con los que saturar y martirizar a los internautas que pululan por las webs poéticas.

Pero para que no se diga que no me mojo, si tuviera que elegir una palabra del idioma castellano, hoy me quedo con "culo" o "perro", hermosos vocablos, el primero de connotaciones evidentes proviene del latín y el otro es de origen desconocido. Corominas en su Diccionario Etimológico (lectura que debería ser obligatoria en cualquier plan académico) en una de sus más descacharrantes definiciones, proponía que venía de la onomatopeya "prrr" con la que los pastores llamaban a los canes que pastoreaban con ellos. Sin comentarios. Y ustedes ¿qué eligen?

01 mayo 2006

Representando La pereza de Ricardo Talesnik (Teatro Galileo. Madrid)

A veces pasan estas cosas, y es bueno que pasen. Uno se deja llevar, deja caer el dedo en la Guía del ocio y dice: ¿Qué vamos a ver hoy? Ésta misma, parece divertida y tiene pinta de ser un remedo de Bartleby. ¿La pereza de Ricardo Talesnik? No conozco al autor. ¡Qué mas da! Arriesguémonos... y claro, sale mal.

En principio, la trama resulta atractiva, un hombre decide una mañana que no va a ir a trabajar nunca más. ¡Ah!, cuántos no hemos pensado lo mismo alguna vez. Bien pues aquí, en el story line, acaba todo lo interesante de la obra. Porque, en líneas generales, y siendo benévolo, es una auténtica bazofia.

[Un alto en el camino: en el momento de escribir esta crónica se me ocurre hacer un Google y ver quién demonios es el tal Talesnik, sorpréndome. Resulta que es un autor con cierto prestigio en Argentina, que la obra se estrenó allá hace 40 años y que aquí en los 70 la había llevado a las tablas Fernando Fernán Gómez. Sorpresas te da la vida.]

Bien, tras mis últimas investigaciones (pensaba que era un autor novel y trataba de ser clemente) rectifico, como no podía ser de otra forma. La pereza es una auténtica mierda. Es, y con diferencia, la peor obra de teatro que haya visto en mi vida. El texto malo, repetitivo, infantiloide, y sin ningún tipo de calidad literaria es vergonzante. Bastan apenas unos minutos para querer salir huyendo del teatro. En ese tiempo el espectador intuye, sin ningún tipo de duda, que la obra no remontará el vuelo. Que la pésima interpretación de los actores (caricaturas de sí mismos), la nefasta dirección actoral (porque alguien tuvo que dirigir esto en algún momento) y la exasperante declamación (o lo que es lo mismo, a ver quién coño grita más, al más puro estilo duelo de gitanas en un óbito) se va a hacer larga, eterna. Ya puedo quitarme los zapatos, estirarme, sudar, removerme en la butaca, etc., que nadie se apiadará de mí, si hubiera un nuevo grado para los adjetivos tras malo-peor-pésimo debería ir este espanto; sólo de recordarlo me dan arcadas.

Al concluir la obra, no sólo me siento estafado, sino humillado y vejada mi inteligencia y la de cualquier cucaracha que pudiera correr tras las bambalinas, éstas -pobrecillas- padecen las representaciones una tras otra en silencio. Ojalá tuviera un insecticida para ahorrarles tanto sufrimiento...