Es arriesgado aventurar qué autores resistirán el paso del tiempo y cuáles pese a éxitos espectaculares y estar en boca de todo el mundo apenas si dentro de unos años serán un vago recuerdo. Juan Mayorga, sin duda el dramaturgo más brillante de su generación, pertenece al primer grupo. Es un autor versátil capaz de moverse con comodidad y soltura por diferentes registros, desde la sátira de Alejandro y Ana, al drama psicológico de El jardín quemado pasando por la invención formal y la metaliteratura de Hamelin.
De un tiempo a esta parte, Mayorga, heredero natural de Sanchis Sinisterra, ha puesto su calidad dramática al servicio de la compañía Animalario. Compuesta por actores sobradamente conocidos tanto por sus papeles cinematográficos como por los televisivos, es de aplaudir que no se hayan adocenado y sigan trabajando en la misma senda alternativa y reivindicativa de sus inicios. Si Mayorga tendrá su justa mención en los futuros manuales de literatura, no me cabe duda de que Animalario la tendrá en la historia teatral de este nuevo milenio.
¿Y Hamelin? Buen texto, buenos actores, buena solución escénica, buena representación... poco más que añadir. Cuando Godard presentó su primera película A bout de souffle, alguien dijo (aquí me la juego, quizá fue Andre Bazin) "persigan a ese hombre". Era una advertencia en el sentido positivo del término; ese hombre era peligroso porque estaba explorando caminos por los que nadie había ido (tiene narices que Godard, que debe rondar ya los ochenta, siga al otro lado del espejo mientras la mayoría continua dándose cabezazos contra él; pero eso es otra historia). Esa afirmación, si bien es excesiva en Mayorga -todavía le queda mucho por recorrer- no invalida su sentido y nos insta a seguir alerta.
18 mayo 2006
Representando Hamelin de Juan Mayorga (Teatre Romea)
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Zelig
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12 febrero 2008
Representado La tortuga de Darwin de Juan Mayorga y Qui te por de la Virginia Woolf de Edward Albee
Conocida es mi admiración por Mayorga, uno de nuestros talentos contemporáneos vivos, como Vila-Matas en narrativa o Barceló en pintura, capaz de competir en lo más alto con sus colegas a nivel mundial, así que aproveché mi caída por la capital para acercarme a ver el montaje de uno de sus últimos textos en el Teatro de la Abadía
La obra parte de una idea excelente, Harriet la tortuga que Darwin estudió para elaborar la Teoría de las especies hace doscientos años sigue viva (creo que esto es cierto) y por tanto tiene una visión única para relatar lo acaecido en los últimos dos siglos. El montaje, el texto y los actores son correctos, demasiado lineal, necesitaría algún golpe de efecto, los clímax y puntos de cambio repartidos en la trama no son lo suficientemente turbadores, creo que se le podría sacar más jugo; eso sí, descata sobre todo la soberbia actuación de Carmen Machi, a la que el público aplaudió a rabiar, con standing ovation incluido.
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Partir de un buen texto ya es mucho, a pesar que tampoco pienso que Quien teme a Virginia Woolf sea un clásico. Los actores del Teatre del Sol eran voluntariosos y no dudo de su intención de agradar, pero el montaje no pasó de correcto.
El problema estaba en el tono, en la dirección actoral: cuando a las primeras de cambio ya has usado la violencia y vaciado tus pulmones y gritado todo lo que puedes gritar y más, es muy difícil volver a mantener la tensión sin ser reiterativo, que fue lo que acabó pasando
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Por tercera y última vez nos acercamos a la fiesta de Joseph, si bien se notaba ya el cansancio en los actores, perdiendo algo de frescura y cayendo a veces en el histrionismo, el resultado fue igual de agradable que las veces anteriores. Se rumorea que tal vez el montaje recale en Barcelona, quién sabe.
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Zelig
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